
En 1971 los propietarios de esta vivienda en una de las colonias históricas de Madrid hacen suyo uno de los iconos de la España del desarrollismo: ocupando el patio trasero construyeron la piscina que todos deseaban, una piscina azul.
Ese patio había acogido durante décadas las tareas domesticas; en algún momento fue huerta o corral, o pequeño taller para una economía de subsistencia. Pero en los años 70 pudo mas la fantasía importada de las postales del sol y el turismo. Lo cierto es que la piscina azul fue una de las muchas intervenciones que sufrió esta pequeña vivienda desde que se construyó hace mas de 100 años para responder a la escasez de alojamiento en la capital de aquella España obrera. La casa, mediante añadidos, reparaciones y acciones de bricolaje, fue sobreviviendo durante décadas y acabó transformada en un ensamblaje de cuerpos sin orden. Cuando la piscina azul llegó, no solo desfiguró la vivienda original sino que también borró su origen obrero y la transformó en una casa mas hedonista, individualista y mas acorde con la sociedad tardofranquista que se esforzaba por entrar en el capitalismo. La piscina azul no fue un elemento más de ese collage, sino la metáfora construida de toda una sociedad en ciernes.
Cuando en 2021 visitamos por primera vez esta vivienda entraba en un nuevo ciclo biológico. El impulso personal que la mantuvo había desaparecido y la decadencia estaba por todas partes. Aun así, aquella piscina en el patio que borró su clase obrera y que se desconchaba en diferentes tonalidades de azul, era el elemento que más ilusiones despertaba.
La acciones que planteamos en esta vivienda tenían como objetivo actualizarla y traerla hasta el siglo XXI: fueron tareas de conservación, restauración, eliminación de impactos negativos y optimización del consumo de energía y del agua. En el proyecto se habló mucho de la piscina pero también de aquel patio trasero como espacio social y doméstico en una ciudad que ahora es densa, donde podrían jugar los niños y usarse para cenar y fiestas al aire libre, así que planteamos una vuelta al futuro. Dejamos atrás el azul piscina y elegimos el verde para conectar con otras arquitecturas del agua, como aljibes o albercas de viviendas agrícolas. Conscientes de los problemas que plantea la carestía hídrica, naturalizamos el tratamiento del agua que ahora trabaja en un ciclo cerrado más sostenible y sano. En pocos minutos el lugar se transforma con un mecanismo que gestiona el ambiente de la casa y amplía su imaginario: el patio puede ser charca, estanque o piscina, haciendo de la presencia del agua una opción estacional que transforma las dinámicas domesticas.










